2013-08-30

Volver a los 17

No sufro de un retroceso a la adolescencia: lo disfruto. (Gracias, W. Gibson, por tus drogones citables hasta el manoseo...)

Es oficialmente un año de mierda. O década... Buen tiempo para repasar los fundamentos: trato del misántropo, control y reducción de daños, manejo de las circunstancias.

1. Conoce a tu enemigo.

Sun Tzu hablaba para la vida, que no es otra cosa que una guerra. La vida humana individual es una mera batalla, pero por suerte no hay tantos moldes como personas. Observar todo y a todos: luego clasificar. Algo será aplicable al energúmeno que tienes enfrente.

2. El enemigo está adentro.

Es la máquina que traiciona su propósito aparente, su herencia corrupta, su entorno mutilante y su destino de mierda.

3. Corolario de (2): conócete a ti mismo.

No, esto no es filosofía griega en píldoras: búscate, mídete y pruébate sin reparar en gastos de observación externa (humana o mecánica), experimentos macabros y brutalidad. El sadismo es opcional. El masoquismo no.

4. El pasado también es el enemigo.

... Si es el personal. Non fuit, fuit... ¡basta!. El pasado ajeno puede ser útil o placentero.

5. Corolario de (4): la memoria debe ser reescrita continuamente, y los testimonios eliminados, alterados o sacados de contexto.

Arqueología personal, museos, altares: estadios de desarrollo del alma que se purifica (que se disuelve).

6. Segundo corolario de (4): ante amenaza de castración, practicar el celibato.

El universo seguirá en expansión pero el mundo de cada uno se contrae, y esa contracción se acelera, porque se mide en grados de libertad que son podados sin retorno a cada paso. Hacer que la entropía trabaje para uno, y no en contra: lo simple antes que lo complicado --y después también--, la levedad sobre el peso, que el libro hable por la persona, y que la sabiduría vaga resuma el ladrillo de ejercicios resueltos (de todos modos, nadie llega al examen final.)

7. El prójimo "no es otra cosa que el instrumento para producir dolor."

El divino marqués, alterado según mis creencias. El cuerpo propio es mejor ni sentirlo: lo que funciona bien, debe hacerlo en silencio. Los cuerpos ajenos son obstáculos o imágenes. Pero las personas, entes autónomos y corpóreos, no hacen más que incordiar. Aún, --no, digo mal, especialmente-- cuando pretenden ayudar, pobres infelices --o putos manipuladores. Tal vez en otra época u otro lugar el grupo confiriera ventajas: aquí nos estorbamos los unos a los otros sin propósito ni remedio.


8. Corolarios de (7): no tener nunca algo que el prójimo pueda desear; no codiciar nunca algo que sea propiedad o esté en custodia del prójimo.

La voluntad y la autoridad moral para resistir a la violencia, a la persuasión y a la mera estupidez surgen de la convicción de que el otro está en un error. Todo lo que justifique --siquiera de modo indirecto o hipotético-- al prójimo, lo debilita a uno.

9. Segundo corolario de (7): el buen parásito sabe cuando saltar y con qué amortiguar la caída y sobrevivir a la miseria subsiguiente.

Nadie da algo por nada. Ante la duda, descreer primero, a fin de maravillarse y disfrutar; pasada la luna de miel, volver al descreimiento. No correr el riesgo de crear una lista blanca. (Cualquier gris llega a ser visible contra fondo negro.)

10. "Dolor para el cuerpo hermoso, pero placer para el alma hermosa."

Wilde, invertido. El dolor es inevitable: atesorarlo cuando surge, procesarlo, llegar al centro, nunca actuar como si algún día fuera a remitir. El placer resulta de resistírsele y hacer lo que el demonio dicta. (Los cuerpos se rompen y se disuelven, las almas son mierda, o programas imposibles de editar o copiar, pero no quería mutilar más la cita.)

11. El lenguaje es manipulación.

Nadie da nada al hablar, sino quita: obliga al otro a procesar lo que dijo. A veces, incluso, a actuar en consecuencia. Cometido este pecado gravísimo, tanto da la mentira como la verdad, salvo en cuanto a consistencia con "lo sabido" y a utilidad.

12. Corolario de (11): mentir con la verdad.

Construir una verdad con pedazos de mentiras, si hace falta. Reducir al mínimo lo que se dice sin apoyos. Mantiene la memoria limpia y ordenada, y la credibilidad también (que es un valor multidimensional: incluye consistencia, entre otros órganos grotescos.)

13. Cada nueva entrada en una lista negra cuesta, sea en sangre, sudor, o lágrimas.

Las listas negras son, con toda probabilidad, la parte más importante de la memoria. Saber qué no hacer, qué amenazas evitar, y de qué recursos no depender salva vidas. El enemigo externo puede ser simplemente flojo o idiota, pero la confianza es parte integral de la traición interior.

14. Sabe qué percibes, qué dices y qué haces, y sus razones.

Debiera ser obvio, pero ocasionalmente se encuentra uno con una pluma al viento... "No sé que es, pero me gusta" es una actitud inaceptable. Averigüe y analice. Hablar sin pensar lo que se dice es suicida. Actuar porque sí, como mínimo, es una pérdida de tiempo; yo lo asocio con lo que en el Río de la Plata se conoce como "laburar para el macho": alguien se beneficia, y ese alguien no es uno... La mente consciente surge de un caos de circuitos que tiran cada uno para su lado, enganchados a líneas de comunicación generales, donde muchos gritan y pocos escuchan (cualquier semejanza con nuestros "medios masivos" es la evolución repitiéndose como farsa): razón de más para imponer un orden que, por arbitrario que sea, facilitará su manejo a cualquier plazo mayor al que tarda un hilo de baba en caer.

¿Arbitrario? Cualquier orden, si útil, debe ser fascista, restringiendo la libertad del individuo para beneficio del colectivo. Es así cuando los individuos no tienen --ni pueden en principio tener-- autonomía, ni voz, ni capacidad de torcer o sabotear el rumbo consensuado. Ante el insólito caso de que críen tales cualidades, tendrán que cambiar o ser suprimidos.

15. "¿Me contradije? Y bueno, estimado, es que somos unos cuantos acá adentro... Te doy con otro, a ver si te puede ayudar."

(Walt Whitman, a través de un médium un poco cabrón.) Cualquier persona normal sabe que debe conducirse de diversas maneras de acuerdo a las personas y las situaciones. Cualquier persona que pretenda conservar la salud mental debiera poder manejar las transiciones entre las diversas "máscaras" a voluntad, y no por automatismo. "Si no le gustan mis principios, tengo otros": frase atribuida a Groucho Marx y digna de cualquier sociópata.

Suficiente complejidad inútil y verborrea machacona por ahora. Festejaré este modesto retorno con unas ginebritas: podaré el arbolito cerebral para que funcione más rápido...

2013-08-07

Qué culpa tiene el tomate

Los jodidos de la cabeza tenemos una fascinación con las inteligencias artificiales. La idea de criar una mente en una lata --no en un útero y luego en un cráneo-- se hace fuerte, fascinante, peligrosa.

¿Peligrosa?

En tus sueños, corazón. Este es un mundo pobre, paupérrimo, y no puede bancar tales aventuras. Justo luego de levantar la cabeza y mirar mundo nos morimos. Si no como especie, seguro que como civilización.

Pero los condenados tal vez podamos comprar con sueños unas pocas horas de semivida.

Neuromante

Este chico Gibson, fascinado con las ciudades y la cultura material de la enésima revolución industrial, y estirándose casi hasta donde no llegaba, nos mostró un puñado de posthumanos malamente trascendidos y varios intelectos artificiales que se cansaron de jugar en el potrero del barrio. Achaquemos nuestras limitaciones a las malas cartas que nos dio el destino...

Accelerando

... o admitamos que en esta mesa se juega un póker cuyas reglas no entendemos. Según Stross, trascender es perder la humanidad: se puede uno extinguir, puede vivir mejor, sin excesos, o se puede pasar del otro lado --y buena suerte.

Un fuego sobre las Profundidades / Una Profundidad en el cielo

Pasar del otro lado y extinguirse pueden no ser opciones contradictorias, sino partes indisolubles de un mismo estado. Pregúntele a las víctimas de la Plaga, o del Foco de los Emergentes. O sea, figúrese que les pregunta, porque le van a contestar cualquier cosa. Vinge es el gran ideólogo de la Singularidad: piénselo dos veces antes de reclutarlo para su utopía.

La trilogía de la Matriz

¿Bajamos a un nivel de tinto toraba? No, creo que no. Que las máquinas decidan prescindir de la humanidad no es descabellado; que aún decidan conservarnos con excusas ridículas, tampoco. Todo vuelve, Wachowski y Wachowski bien lo saben. Piense en la relación entre nosotros y nuestras mascotas, o incluso en el hecho de haya maniáticos que tratan de salvar a ballenas o monos. Pensar no significa ser incapaz de cometer errores: un cerebro o un microchip inteligentes y racionales tal vez decidieran sacrificar todos los mundos del sistema solar en construir infraestructura computacional o en desperdigar semillas de von Neumann por la galaxia, pero tal vez alguien suponga que aún hay conflictos que resolver aquí, en la corteza de este triste mundo alguna vez azul y hoy gris. No juzguemos.

Skynet

Es difícil hablar de una entidad que no aparece en primer plano, sino que es una causa incausada --salvo por Scott--, pero me crié durante la guerra fría y algunas cosas no se borran. El chiste es meterle a una máquina optimizadora, buscadora de objetivos cumplibles o no, un montón de números que representan la derrota del enemigo, y cuando te descuidás, listo, desapareció el enemigo y vos también. Se pueden contar historias entre las grietas de la mole que representa el fin del mundo tal y como lo conocemos, pero tampoco tantas. El viaje en el tiempo es un truco sucio. 

HAL 9000

La guerra fría, las instrucciones secretas y los propósitos inclaudicables hacen también relleno para apoyar otros cuentos: el fin de un mundo de juguete, por ejemplo, un astronauta solo en el medio de la nada. La trascendencia y todo eso no juega, las secuelas no existen --excepto el pasaje en que la máquina despierta, se abraza llorando con el padre, y a los dos les va poco más o menos mal--, el mejor Clarke fue el pobre y desesperado, ¿dónde está mi colonia lunar? Digo, nada.

Multivac

En una historia alternativa, la guerra fría nunca llegaba siquiera a llamarse guerra: se extinguía en una especie de prosperidad global en la que no podías distinguir entre un bando y el otro. Entonces, siempre había algún otro quilombo, pero nos salvábamos por los pelos, léase, por los alambres de Multivac. Los asuntos humanos se volvían demasiado complejos para ser manejados por mera materia gris y blanca, la gran máquina universal se hacía cargo, y eventualmente trascendía, o venía uno y con esfuerzo y con viveza la descajetaba. Esas historias rara vez terminan bien --para valores de "bien" inteligibles para meros humanos, o siquiera para el doctor Asimov.

Bueno, basta de latas por ahora. Tengo un asunto pendiente con las inteligencias orgánicas, y espero empezar a resolverlo antes de que termine el año.

Ciudad

La omnipotencia no le sienta bien al mono desnudo: es un bicho que se hizo a la par de otros, con paciencia y con saliva. Desnudo como es el mono, bien le calza un compañero peludo, cual es el perro. Y, ¿en quién, si no, experimentar ciertas modificaciones genéticas y quirúrgicas que podrían ser poco éticas aún en otros primates? En fin, si los resultados son favorables, tal vez puedan heredar la Tierra, como quiso Simak. Nosotros siempre fuimos un poco suicidas y más que un poco heterocidas. Probar otra u otras especies inteligentes puede ser un descanso para este sufrido globo.

2013-03-15

Autopsias (II)

Frío. Segunda primavera, como se me antoja llamar al otoño. En la migración absurda de este planeta torcido, volvimos a mi territorio, a la mitad habitable. Fin de vacaciones que no me tomé, ajuste de cinturones que extrañaba, repaso de cuadras caminables, tardes de alcoholes que funden los motores diferenciales, semanas de abrir historias clínicas y revisar la libreta de los incobrables. Cosecha.

Magra será este año. El régimen tuvo a bien sembrar de herbicida las tormentas de la temporada, y llovió muerte. Era necesario: había plagas que erradicar.

¿Dónde jugarán los niños?

"Hay una cantidad de cosas que se pueden hacer en el gran Allá Afuera que no son prudentes, o incluso posibles, acá abajo", dijo el tecnócrata.

¿Vivir de la tierra?

"El futuro ideal para este planeta no es una gran ciudad, o incluso un archipiélago de grandes ciudades en un mar de parques y "reservas", sino un mosaico de ecosistemas a la antigua..."

Ah, ¿sí se puede? ¿Con su permiso? ¿Con formularios por quintuplicado, con buenas conductas y pedigrees y análisis y declaraciones juradas?

"... un mundo semi-salvaje donde los humanos puedan vivir, sí, con suficientes ayudas tecnológicas para llevar vidas productivas y autodeterminadas, pero con un mínimo de agricultura, ganadería, extracción, industria ni ciertas otras cosas que ni nombre debieran tener."

El toque provinciano, personal, para remachar una retahíla de imposibles. ¡Viejo, somos hijos del siglo veinte, no habitantes de tu utopía del veintiuno que nunca fue y, con tu ayuda y la de tus cómplices, nunca será! ¿Podés vivir en el presente, y dejar que nos abramos paso a nuestra manera, dándonos los golpes que nos toquen?

¿Para qué pregunto? Lo que nuestros cuerpos cerebros animales piden es demasiado terrenal para que los dioses nos lleven el apunte.

Seremos lo que debamos ser, y renglón seguido, no seremos nada. Pero, ¡con qué honores!

2013-02-03

"¿Qué hay de los tenues latidos, de lo vivo que aún no ha nacido?"

Disentiré con un amigo: el texto de ayer no estaba particularmente bien escrito. No lo releo por no seguir haciéndole agujeros bajo la línea de flotación. Ya tendré oportunidad de refritarlo: hoy me ocupan otros asuntos.

Decía en Twitter que hace años que se me sale el arma de la vaina cuando pienso en engendrar un Apocalipsis. Uno literario, me apresuro a aclarar: un puñado de cuentos, tal vez un guión de historieta. Traigo alguna inspiración cyberpunk; veo esclavitudes paralelas de máquinas de inteligencia predadora y organismos genéticamente alterados (¿el subpueblo de Cordwainer Smith? ¿las supermascotas de David Brin?), una guerra purificadora (entre humanos, claro: los beneficiarios no se ensuciarán las manos) y un imperio de mil años. Una respuesta nada original, pero tampoco particularmente absurda, a la paradoja de Fermi. "¡Danos ese último hombre, oh Zaratustra", --gritaban-- "haz de nosotros esos últimos hombres! ¡El superhombre te lo regalamos!". La humanidad no se trascenderá a sí misma ni copará la galaxia, como no lo hicieron otras especies, a causa de una u otra forma de suicidio colectivo, complicado y entretenido de contar.

Recordaba eso leyéndolo a Severian, quien fantaseaba con una revolución canina. Tras dar la vuelta del perro con la idea (procedimiento creativo standard: visualizar, salir a patear un rato, consultar referencias, dibujar una curva que pase por tantos puntos como sea posible, sombrear un poco aquí y allá), me dije "Tengo que hacer una parodia de Planet of the Apes". La estructura general se toma prestada, los detalles se alteran o se completan de ciertos viejos apuntes (los que uno suele indicar que se quemen no bien los deudos vuelvan del velorio), y mis demonios personales harán el resto.

Sin embargo, tengo que pensarlo un poco más. El modo paródico pide un ojo y una mano que no sé si tengo, y tal vez más trabajo que el que puedo acomodar en el tiempo de que dispongo. Febrero, en la segunda mitad del verano, no es menos cruel que la primavera temprana de Eliot: usa métodos distintos para hacernos mierda, esa es toda la diferencia.

2013-02-02

Autopsias (I)

Me ha surgido la oportunidad (interna) de escribir algo. Es una vieja calentura: la historia me dice que sumaré apuntes y borradores a una cierta eterna carpeta, y ni un triste ratoncito parirá la montaña, por mucho que tiemble y humee, pero me siento en el deber de limpiar los conductos(*) previendo la ocasión. En fin, agua va.


La punta del ovillo, claro, es la conclusión: no te puedo ni ver.

Desenredemos.

No son celos, ni de tu marido, ni de tus amantes, ni de los potenciales que mires o te miren: aún te quiero y tu vida es tuya, no te deseo encierro ni mutilación. Aparte, nunca supe bien qué clase de bicho son los celos. Conozco la indiferencia y el desprecio, pero no los atribuyo a causas externas.

No es orgullo herido: sé qué soy y qué no soy, y no me dejo definir por nadie más, salvo confianza de años y entrega de las llaves de la ciudadela, etc. (Cambié la cerradura el día que enviudé.)

No hubo golpes, ni humillaciones; pocos insultos, si alguno; algún teléfono descompuesto, tal vez notable por haber surgido entre dos interlocutores, sin necesidad de intermediarios.

Y, sobre todo, yo me fui: nadie me echó.

¿Y no está ahí la causa? Sí, puede ser, pero no a la vista. Me jodiste queriendo hacerme bien. (O queriendo hacerte bien, qué sé yo ni me hace diferencia.)

Viudez, dije, más arriba, y antes, muchas veces: no diré que no hubiera imaginado la magnitud de la invalidez que acarrea, pero vivirla es inimaginable. El alcoholismo de mi finadita transmigró intacto o incluso agravado, a las niñas las quiero y las crío como puedo, pero todo lo demás son vacíos, muñones internos, incapacidades dolorosas y caras. Y no tuve mejor idea que observar la sombra de ese cáncer, de ese nihilismo silencioso, iluminado por tu radiación dura.

Recuerdo ese reflejo, más bien esa translucencia, malvenida y no quiero volver al momento ni a la fuente: negando la evidencia es como sobreviviré. La enfermedad no tiene cura, pero los fieles sabrán proveer paliativos.

(Perdón a estos últimos si me demoro en el pago; y gracias, infinitas, si no piden nada a cambio.)

Me sabés un matoncito cobarde. Sabé que no soy nada ahora, o por lo menos nada que me valga la pena preservar, ni que te valga la pena conocer.

Quedate esa imagen incompleta; completá a gusto; extrañá, puteá y olvidá.

Ya no puedo jugar, porque no me sale mentir.


(*) Escribo como cago y como cojo. En ambos casos se empieza por purgar las vísceras. Lo lamento por los seres de luz que usan del ayuno y la meditación.

2012-09-16

Seis posts en casi un año. Lamentable. No me reconozco. El Peste, factótum del Fogón Psicobolche, metía uno o dos posts por mes aún en sus momentos más oscuros. Viajaba en bondi o en tren, escribiendo en sus piojosas libretas (me cago en ellas, me cago tanto en ellas: ser chanta, vaya y pase, pero dejar testimonio escrito es imperdonable). Pero el Peste se comió una muerte --una mutilación--, se tomó una cisterna de alcohol, se fumó un fósforo de los de la destilería de YPF sita en cierta ciudad del conurbano sur, y se envició con el microblogging de Twitter y Facebook. Y también se habituó a la noche, donde hizo dudosas, inútiles, amistades.

El Peste se murió. El fénix surgido de sus cenizas salió medio contrahecho: gordo, amnésico, impulsivo hasta la autodestrucción, irresponsable de su prole hasta conformar a la imagen que toda adolescente bien nacida tiene de su padre: un idiota útil, una fuente de guita a quien hay que estafar un día sí y otro también.

El Peste se murió, pero esto persiste. No le doy nombre: no le quiero dar entidad a un fardo que tengo que llevar --quiera o no-- durante la próxima década, no quiero que mi libertad final se demore ni un minuto por haber contraído un compromiso o creado una expectativa.

Esto es todo por ahora: una toma de posición con forma de asco, de vómito. Mi existencia continuada exige declaraciones --pueda morirse horriblemente quienquiera que crea que dejaré que mis actos espontáneos y mis palabras improvisadas hablen por mí, de una vez y para siempre--, pero en esta noche no hace falta más que esto.

Tengo un asunto pendiente con las manos. Por mucho menos --en sociedades más esclarecidas-- te cortan cuatro dedos de cada mano. Volveremos a esto, desparramando tanta sangre y moliendo tantos huesitos como haga falta.

2012-05-12

Otoño

Pasó otro aniversario, y no entré en combustión espontánea, ni cometí satí (hubiera sido mal visto por lo demorado).

Compartí otras muertes--de personas queridas o de ilustres, apasionados desconocidos, que me convencieron al estilo de Arlt.

Pero sólo la tuya me acompaña, amor. Todavía no puedo ver más allá del horizonte de eventos. Si lo puedo atravesar, espero encontrarte.